martes, 7 de agosto de 2018

La educación especial como una intervención estructurada


Comenzamos este apartado exponiendo lo que entendemos por educación especial, subrayando que lo aquí expuesto, es tan sólo para acotar nuestra posición, porque consideremos que este es un tema a debatir,   y desgraciadamente, el estudio de esta problemática excede los límites del presente trabajo.
También es importante señalar que nuestra postura, se atiene a necesidades prácticas. Esto es, hacer uso de una definición operacional que permita distinguir en la práctica los componentes observables y mesurables de las conductas a intervenir.
Contar con métodos de evaluación que identifiquen déficits y excesos específicos que permitan organizar e instrumentar programas instruccionales.
Para nosotros, lo importante es definir con la mayor precisión posible en qué áreas y con qué prioridades se debe intervenir aplicando, procedimientos, entrenamiento y enseñanza sencillos, eficaces y adecuados a las condiciones del usuario. Haciendo énfasis en trabajar con la conducta observada y no con entidades hipotéticas, definida en términos cuantitativos y funcionales, delimitando con claridad el contexto de interacción en razón a sus relaciones funcionales establecidas entre el medio y la conducta.
Nuestro papel como psicólogos aplicados, o analistas conductuales, bajo estas condiciones es de aplicador de contingencias, instructor, programador y evaluador de procedimientos, alejándonos de las tentaciones teóricas y experimentales.
Esta necesidad surge, sobre todo, a la necesidad,  responder a las necesidades de nuestros usuarios. Por lo que es necesario contar con una tecnología probada, económica y de fácil acceso, para intervenir de manera eficaz en casos de educación especial con poca o ninguna consulta interdisciplinaria, abaratando los costos de la intervención.
La elección del Análisis Conductual Aplicado como tecnología de intervención, satisface nuestras necesidades, debido en primer lugar, a que aporta teorías objetivas y funcionales sobre el aprendizaje, en segundo lugar propone técnicas para la modificación de conductas para niños con diversos requerimientos especiales. En tercer lugar permite observar y comprender cómo se establecen en un medio natural, las conductas, esto es identifica las relaciones funcionales. En cuarto lugar propone una evaluación funcional que ayuda a definir operacionalmente el comportamiento.
“El hecho de que se trate de un conjunto de técnicas, basadas en los mismos principios generales y aplicables a todo tipo de problemas de conducta, ha dado lugar a que desaparezcan los límites entre lo que es un problema clínico, uno de educación y uno de retardo o rehabilitación; en modificación de conducta lo menos importante es el nombre que se dé al mal”. (Galindo, Bernal, Hinojosa, Galguera, Taracena y Padilla, 1980).
Tal vez desde este enfoque, sea necesario abandonar el termino de educación especial, cosa de por si improbable. Lo que en realidad importa es que se ha encontrado datos, cada vez más numerosos, que corroboran la efectividad de esta tecnología.
Por lo tanto y para el propósito del presente trabajo y partiendo del Análisis Conductual Aplicado, entendemos por educación especial, una intervención estructurada que implica un cambio sistemático de las contingencias sociales, para alterar el desarrollo psicológico de las personas (Wahler, R. G., 1978, Ribes, 2012).
La intervención se basa en teorías generales del aprendizaje de las que se deriva procedimientos para el trabajo con niños con diversos requerimientos especiales de enseñanza por presentar retardo en su desarrollo.
La tecnología derivada del enfoque conductual brinda valiosas aportaciones que demuestran ser particularmente eficaces. En lo que respecta a la aplicación de principios conductuales en la educación especial, cabe mencionar las siguientes.
  1. Procedimientos de evaluación.
El diagnóstico conductual, más que un medio de clasificar o etiquetar conductas, es una medida de la ejecución de una persona en un momento dado, medida con la cual se pueden diseñar procedimientos de intervención eficaces y efectuar comparaciones de los cambios producidos por los procedimientos de intervención (Galindo, et al. 1980).
IMG_20180719_142215Su objetivo es hacer un análisis minucioso de las diferentes funciones que una conducta o conductas establecen en uno o más contextos. Es importante señalar que la evaluación se efectúa en términos funcionales, independientemente de las condiciones orgánicas inferidas a partir de la conducta. Para esto, se han empleado varios procedimientos de evaluación para identificar los eventos que tienen influencia sobre el comportamiento inadecuado.
Tales procedimientos se han agrupado en tres grupos: Experimental (Carr y Durand, 1985; Day et al., 1988; Iwata, Dorsey, Slifer, Bauman y Richman, 1982). Descriptivo (Bijou, Peterson, & Ault, 1968, Touchette et al., 1985), o una combinación de Descriptivo y Experimental, donde la principal distinción es el control de las variables. (Mace & Lalli, 1991). Más adelante abordaremos sus características.
  1. Procedimientos de intervención.
El rasgo común de todos estos procedimientos es la estructuración sistemática de las condiciones ambientales para cambiar la conducta del usuario, es decir, para establecer, mantener, transformar o eliminar repertorios conductuales (Galindo, et al, 1980).
Hay diferentes procedimientos para: a) La adquisición de conducta; b) el mantenimiento de conductas; c) para facilitar la emisión de algunos tipos de conducta; d) y para debilitar o reducir la posibilidad de la conducta (Ribes, 1980)
Son técnicas con un marcado carácter científico, cuya principal virtud es centrarse en la conducta en lugar de supuestos procesos patológicos físicos e intrapsíquicos. Los programas y técnicas de modificación de conducta, han mostrado a lo largo del tiempo un alto nivel de efectividad como estrategias científicas para la intervención de conductas problemáticas.
  1. Pronóstico.
Éste se formula en base en la adquisición o extinción de una o varias conductas terminales que se deben de obtener al finalizar el tratamiento, el grado de acierto del pronóstico se basa en la adquisición o extinción de dichas conductas (Ribes, 1980). Hacer un pronóstico conductual, es establecer el repertorio mínimo a alcanzar al finalizar la intervención
Este se basa siempre en el repertorio de entrada, como en la posibilidad de manipular libremente las condiciones necesarias para el desarrollo del repertorio terminal deseado (Ribes, 1980).
  1. La conducta es aprendida.
El enfoque conductual considera que la mayoría de las conductas son susceptibles de ser aprendidas. No considera a la conducta anormal como distinta de la conducta normal en función de la forma en que se desarrolla o mantiene. (Kazdin, 1978).
La definición fundamental de trastorno psicológico, independientemente de la forma que tome, es en función del juicio de la sociedad respecto de lo que es una conducta aceptable, y este juicio implica la frecuencia o la intensidad de la conducta (Ross, 1980).
Bajo esta línea de pensamiento los problemas que aborda la educación especial, se conciben como excesos o limitaciones conductuales. En consecuencia, al individuo con requerimientos de educación especial, se le aborda con el fin de disminuir o eliminar dichos excesos así como establecer o incrementar sus repertorios de conducta con objeto de superar las limitaciones (Macotela, Silvia, 1990)
  1. Retardo en el desarrollo
Bijou (1982) ha sugerido el concepto de retardo en el desarrollo para sustituir el de retardo mental de la psicología tradicional y explicar los déficits de la conducta infantil.
IMG-20180322-WA0001“El retardo se consideró como una desviación en el desarrollo psicológico y, por consiguiente, se utiliza el término desarrollo en vez de retardo mental. Las diferencias entre el desarrollo normal y el retardo radican en la naturaleza de las condiciones y las interacciones del desarrollo, pasado y presente. El desarrollo normal, cambios progresivos en las interacciones entre el individuo y el medio, se da a través de la acción de condiciones biológicas, sociales, y físicas que se desvían de lo normal en grados extremos; mientras más extremas sean las desviaciones, más retardado será el desarrollo ” (Bijou, 1975 citado en Galindo, 1980, p.18).
En esta definición, se puede observar, se toman elementos que definen a la conducta, considerando las relaciones entre eventos observables y definiendo funcionalmente esas relaciones; en donde la conducta del retardado está en función de su historia genética y adaptativa, y es inadecuada desde el punto de vista adaptativo.
Para Galindo (1980) la conducta retardada o no, está determinada por cuatro factores básicos:
  1. Los determinantes biológicos del pasado
  2. Los determinantes biológicos actuales
  3. La historia previa de interacción del sujeto con el medio, y
  4. Las condiciones ambientales momentáneas.
En base a la definición que ofrece Bijou, se puede entender que el aprendizaje, es un concepto clave para entender el retardo; con esto, la ausencia de repertorios básicos o la presencia de repertorios inadaptativos se explican, no solo apelando a una deficiencia intelectual hipotética ni a un impedimento orgánico, sino considerando que a partir de ciertas condiciones extraordinarias biológicas, físicas o sociales, el individuo no ha aprendido aquello que la comunidad requiere de todos sus miembros para vivir en sociedad (Galindo, 1980).
En cierto modo, todos sufrimos ele algún tipo de “retardo” , en el sentido de que no tenemos alguna habilidad o capacidad (léase: alguna forma de conducta) que la mayoría de los demás si manifiestan; por ejemplo, escribir sin faltas de ortografía, redactar eficientemente un texto, hablar, entender, leer y escribir textos en inglés, etc..
Ribes (2012) sostiene que el término educación especial comprende tres conceptos diferentes: el primero hacer referencia a la rehabilitación para la autosuficiencia individual y social; el segundo a los procedimientos especiales para el aprendizaje de destrezas, habilidades y conocimientos de carácter académico; y, finalmente, el desarrollo de potencialidades excepcionales en individuos “sobredotados” en algún sentido. La educación especial es un gran saco en el que se colocan todos aquellos problemas que se consideran atípicos del desarrollo.

viernes, 27 de julio de 2018

Enfoque conductual del autismo



El enfoque conductual del autismo, más que centrarse en la etiología per se del problema, se concentra en las características conductuales de éste, con la finalidad de desarrollar estrategias de tratamiento objetivos y congruentes con problemas presentados por sujetos autistas.

Por lo tanto la sintomatología clínica del autista  se explica, esencialmente como un empobrecimiento de repertorios conductuales, en términos del nivel de frecuencia y complejidad, debido al fracaso de los padres para reforzar o atender al niño en sus primeras interacciones con los adultos. 

En este sentido, se explica el autismo con base en la teoría del reforzamiento, especificando que éste obedece a la ausencia de aspectos reforzantes en la situación social del niño. Las investigaciones apoyan dicha conceptualización al mostrar que el autismo es un desorden extremadamente grave de aculturación, resultado natural que empieza por cuestiones del reforzamiento deficiente en la primera infancia.



Roos, 1980



martes, 24 de julio de 2018

INTERVENCIÓN EN EL RETARDO DEL DESARROLLO




Procedimiento de intervención consta de dos momentos simultáneos directos e indirectos.

Directa. Se trabaja directamente con los niños, aplicando uno o varios programas; el niño asiste diariamente al Centro de 8:00 a 16:00 horas y sigue una rutina preestablecida. La atención es individual y/o grupal, según el programa individualizado de intervención.
El trabajo individualizado se diseña tomando en cuenta la información obtenida en la evaluación conductual, de donde surge un programa individualizado de intervención.
Este programa puede tener como objetivo la eliminación de conductas inadecuadas, estereotipas, lesivas, auto estimulación, etc. O la formación de repertorios de conductas necesarios para la vida diaria: autocuidado, atención, imitación, seguimiento de instrucciones, repertorios pre académicos y/o académicos, etc.

Al formarse los nuevos repertorios el usuario pasa al grupo de generalización de conductas, espacio grupal formado por un máximo de cinco usuarios, supervisados por el psicólogo encargado del grupo.

Cuando las conductas forman parte del repertorio del usuario, se vuelve a evaluar, el objetivo es identificar nuevas conductas a desarrollar, por medio de un nuevo programa de intervención. Así se repite el procedimiento: Evaluación, diseño de un programa individualizado, aplicación del programa en entorno individual, generalización de conductas en entorno grupal.



Indirecta. Todo procedimiento de intervención asegura su éxito con la participación del grupo social. Para esto se desarrollan programas de entrenamiento en técnicas de modificación conductual para padres y familiares, con el fin de generalizar las conductas aprendidas en el centro al ambiente del usuario.

jueves, 12 de julio de 2018

Igualación a la muestra

Un ensayo estándar de igualación a la muestra consta un estímulo muestra y dos o tres estímulos de comparación, el participante debe seleccionar uno de los estímulos de comparación con base en el estímulo muestra, la elección se retroalimenta positiva o negativamente según sea el caso.

 Por ejemplo, si una niña recibe entrenamiento explícito reforzado por parte de su tutor para decir P-A-T-O (estímulo B) ante la presencia física de un animal convencionalmente llamado pato (estímulo A), y a señalar la palabra escrita PATO (estímulo C) cuando se pronuncia la palabra P-A-T-O (estímulo B). Sin entrenamiento adicional (en condiciones de no refuerzo), la niña señalará al animal (o una imagen que lo caracterice) al escuchar la palabra P-A-T-O, responderá con el fonema P-A-T-O ante la palabra escrita PATO, señalará la palabra escrita en presencia del animal y al animal cuando vea la palabra escrita.

Nótese que en este ejemplo la niña solamente recibió entrenamiento en las discriminaciones condicionales AB y BC, pero ella puede responder al relacionar los estímulos de forma novedosa; BA, CB, AC y CA. Este tipo particular de conducta cumple las propiedades de simetría (BA, CB), transitividad (AC) y equivalencia o simetría combinada (CA), propias de la equivalencia matemática.

martes, 27 de marzo de 2018

Técnicas de modificación conductual.




El análisis conductual aplicado, abarca un conjunto de técnicas de marcado carácter científico, cuya principal virtud es centrarse en la conducta en lugar de supuestos procesos patológicos físicos e intrapsíquicos. Los programas y técnicas de modificación de conducta se han mostrado a lo largo del tiempo como estrategias científicas altamente eficaces en la intervención, de conductas problemáticas.
Los modelos conductistas destacan la importancia de la organización del ambiente en el aprendizaje del sujeto, y entienden que dicho aprendizaje ha tenido lugar cuando se observa la existencia de «cambios permanentes en el comportamiento del individuo provocados por la interacción de éste con su entorno físico y social» (Woolfolk, 1996: 196).

Este énfasis en la demostración científica de que un tratamiento es el responsable de un cambio específico en el comportamiento ha dado lugar a un continuo refinamiento de los procedimientos relacionados con la modificación de la conducta.
Con respecto a su eficacia, la terapia de conducta es en muchos casos una mejor alternativa de tratamiento que la farmacológica. Resulta útil para los problemas y es más tolerable para muchos usuarios en cuanto a que no presenta los efectos secundarios asociados con los fármacos, y es igualmente eficaz en la prevención de las recaídas.

viernes, 26 de mayo de 2017

Registro tipo C: bloque continuo


Hay conductas que tienen la característica de que es difícil decir cuándo comienzan o cuándo terminan; en estos casos es de mucha utilidad el registro de bloque continuo.

Este registro consiste en dividir el periodo de observación en pequeños intervalos uniformes y en anotar si la conducta de interés ocurre o no en cada uno de esos intervalos.
Si se utiliza, por ejemplo, un bloque de 10 segundos, esto quiere decir que el tiempo total de observación se divide en lapsos de 10 segundos; cada 10 segundos se inicia un nuevo bloque y el observador anota si en cada bloque ocurrió o no la conducta de interés.

Usos y limitaciones. Es útil en aquellos casos en que la conducta es de duración variable y permite una medición de su frecuencia en forma continua. Es posible registrar varias categorías simultáneamente, pero no deben ser más de cuatro.

Este registro tiene la desventaja de que sólo se sabe si la respuesta ocurrió y se desconocen las condiciones en las que se presenta.

La figura muestra un modelo de protocolo para el registro tipo C, así como la forma de graficar los datos. Obsérvese que el tiempo de observación está dividido en intervalos de 10 segundos y se ejemplifican las categorías conductuales (x, y, z); el registrador debe anotar en la celdilla correspondiente si ocurrió o no una o varias de las categorías.

Otra forma de registro es anotar en el espacio de cada intervalo el símbolo de la categoría o las categorías que ocurrieron en ese lapso. En la gráfica se puede observar que se presentan los datos de varias conductas a la vez, por separado (categorías conductuales x, y y z).




Modelo del protocolo para registrar, parte 1, y para graficar, parte 2, al usar un registro tipo B; bloque continuo

(Galindo,etal., 1980)

Registro tipo B: ocurrencia por oportunidad.


Se registra la conducta cada vez que ocurre. En este caso se le da al sujeto la “oportunidad” de que responda, presentando un estímulo ante el cual debe actuar; el estímulo puede ser una serie de instrucciones o la simple respuesta de un modelo. En cada caso se precisa el tiempo máximo que puede transcurrir entre el estímulo del instructor y la respuesta del sujeto (latencia), y se definen las categorías a registrar delimitando la forma en que debe actuar el sujeto para que su respuesta se anote como correcta.

Usos y limitaciones. Es un registro sencillo y apropiado para medir respuestas claramente definidas ante condiciones específicas. La conducta a registrar debe ser relativamente corta.

Este registro tiene la desventaja de que no toma en cuenta las aproximaciones a la respuesta correcta, sino dos instancias, correcta o incorrecta.


Tampoco tiene en cuenta la duración de la conducta. Sólo se puede registrar una sola categoría de un sujeto en una determinada situación.


Modelo del protocolo para registrar, parte 1, y para graficar parte 2, al usar un registro tipo B; ocurrencia por oportunidad.

(Galindo, etal., 1980)

Registro tipo A: anecdótico

Este registro se emplea, por lo general, como un primer paso para comenzar a observar una conducta. Es un registro casi indispensable, anterior a cualquier otro registro más específico.
Con él se obtiene información sobre una gran cantidad de conductas y se tiene una idea de las variables que las están controlando; asimismo, da una idea de la frecuencia de algunas conductas y de las posibles categorías conductuales, y ayuda a seleccionar el tipo de registro que se ha de utilizar posteriormente.

Si las conductas son peligrosas debe omitirse la evaluación inicial.

Consiste en anotar, en términos de conducta observable, todo lo que ocurre en una situación específica, durante el periodo de observación.

A partir de las observaciones se definen las categorías de las conductas que se considera necesario registrar; para esto se divide el protocolo de registro inicial en una escala que incluye antecedente, conducta y consecuencias, para analizar de esta forma las condiciones en las que se produce la conducta de interés.

        Modelo del protocolo para analizar los datos obtenidos con un registro tipo A; anecdótico.

Sus limitaciones más obvias son que el observador no puede registrar todo lo que ocurre y que lo que se anota depende de la experiencia del registrador; por otro lado, es difícil computar la confiabilidad y cuantificar las conductas registradas.

Los datos de este registro no se pueden graficar.


(Galindo, et al., 1980)

sábado, 20 de mayo de 2017

Feliz día del psicolog@



                                                             

jueves, 2 de febrero de 2017

Precursor de conducta problema

Las características definitorias de una respuesta precursora es su relación temporal y probabilística con una respuesta.

Un precursor precede y predice la ocurrencia de una conducta. Varios estudios han demostrado que los precursores del conducta problema severa a menudo son menos graves que el comportamiento que preceden y se mantienen por las mismas consecuencias.
Estas características hacen que el comportamiento precursor sea relevante para la evaluación y el tratamiento de la conducta problema grave por varias razones.

En primer lugar, un análisis funcional de la conducta precursora puede ser útil cuando el comportamiento objetivo (severo) ocurre rara vez.
En segundo lugar, un análisis funcional de comportamiento precursor podría ser considerado cuando el comportamiento severo plantea un riesgo significativo.
Finalmente, el análisis de los precursores puede facilitar el tratamiento o la prevención del comportamiento severo. 

Fahmie, T. A., & Iwata, B. A. (2011).
 

martes, 31 de enero de 2017

Trastorno psicológico


La definición fundamental de trastorno psicológico, independientemente de la forma que tome, es en función del juicio de la sociedad respecto de lo que es conducta aceptable y este juicio implica ya sea la frecuencia o la intensidad de la conducta (Ross, 1980).
Por lo que se afirma que una conducta problema es una clase de respuestas que, tomando en cuenta su frecuencia, intensidad, duración y desviación de los estándares socialmente aceptados, tiene consecuencias desfavorables tanto para el propio sujeto, como para quienes lo rodean (Pineda F., et. al 1992). 

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